
Prólogo
Este poemario establece un diálogo intertextual en el plano estructural con la obra «La hormiguita viajera» (1927) del escritor uruguayo Constancio Cecilio Vigil. A lo largo del poemario, el lector acompaña a una pequeña hormiga que ha perdido el camino a casa. Su viaje se despliega entre pasado y presente, entre Argentina y Noruega, entre el campo y la ciudad, entre lo indígena-mestizo y lo europeo. El poemario está escrito en castellano y en noruego e incluye palabras en guaraní (en dialectos taragüi y mbya).
Los poemas conforman una historia cronológica dividida en doce actos. En cada uno, la hormiguita se encuentra con un ser distinto: un saltamontes, una libélula, un grillo, un bicho palo, un escarabajo, un caracol, una mariquita, una tortuga, una rana, otra hormiga, ella misma y, finalmente, una hormiga reina. Cada uno de estos seres representan guías – amigos, parejas, hijos, maestros, terapeutas o extraños. No todos logran comprender el dolor y las heridas de la hormiguita, igualmente la impulsan, de un modo u otro, hacia su centro. La hormiga no se ha perdido, se está encontrando.
El poemario aborda la temática del trauma: los traumas de la infancia, la pobreza, la migración, la exclusión, las diversas formas de racismo y la alienación en el proceso de ascenso social. Encuentra inspiración en el concepto noruego sår. Sår es un substantivo y es un verbo. Sår significa tanto «herida» como «sembrar». En esencia los poemas tratan sobre la confusión, sobre perder el rumbo y emprender un arduo trabajo interno para regresar a uno mismo y florecer. La narrativa, aunque sencilla, es estructuralmente compleja: muestra cómo el yo del presente y el yo del pasado se entrelazan y confunden, haciendo difícil la comprensión. Según lo que muestra la ciencia del trauma, los recuerdos de los eventos dolorosos o mejor dicho los traumas, no se almacenan en la memoria como un relato continuo, sino de forma fragmentada, y se incorporan al sistema neurológico con alta carga emocional y sensorial, pero sin una estructura narrativa clara. Es por eso por lo que el recuerdo de un trauma no puede ser contado cronológicamente ya que es discontinuo, más intenso, desordenado, repetitivo y corporal. Sin embargo, una herida puede ser tierra fértil donde semillas sanas pueden germinar y florecer. Espero que este libro pueda ser un compañero para quienes se encuentren en un viaje de sanación.
Oslo, septiembre 2025
Cecilia G. Salinas
Comentarios sobre el poemario:
La editora lo describe así:
«Todo este tiempo que he trabajado con tu libro me ha vuelto muy sensible. Los pequeños pasos de la hormiga me llegaron, esa sensación de morriña, como dicen los gallegos. La discriminación y la melancolía. ¡Es precioso!»
Otros lectores:
«Escribes de manera sencilla y hermosa, con fuerza y dolor, sobre la tierra natal, con amor y también con resistencia. Algo con lo que creo que es posible identificarse. Son poemas sobre la injusticia social y la posición de las mujeres en la sociedad. Poemas feministas, poemas políticos, poemas con lucha, con fuerza y empuje, y con una mirada hacia otra cultura.»
«Fue muy fuerte leer sobre la hormiga, fuerte porque una hormiga, más que nadie, sabe el camino de regreso a casa. Las imágenes son tan vivas, y siento que la tierra devuelve el amor cuando el maíz puede convertirse en mazorcas. Siento el peso de esas mantas tan pesadas que se airean y recuperan su color. Oigo los sonidos, y yo misma anhelo el olor del agua de alcantarilla y el ruido del autobús en la periferia. Me dan ganas de beber esa leche con canela y miel de la abuela, y veo con más claridad en la penumbra de la lámpara con una bombilla de 40 vatios. Escribes tan bien, de forma viva y poderosa. Estoy contigo en el viaje, y de verdad espero que muchos lleguen a leer tus hermosos poemas.»
«A través de los pasos temblorosos de una pequeña hormiga que busca su camino entre el caos y la memoria, tus poemas revelan el largo regreso al yo después del dolor y el trauma. Es una obra de poder silencioso, una obra en la que confío ayudará a muchos lectores a reconocer su propio camino de regreso a casa.»