23 de Noviembre 2025, Oslo

Anarres Bokkafe – Urtegata 24, Oslo.

Transcripción y traducción de la conversación en noruego entre Diana Fynbo y Cecilia G. Salinas durante el lanzamiento del libro «Donde la Herida Germina/ Sår» 

Conversación 

Diana: ¡Bienvenidos! Qué lindo ver que un lugar tan encantador como este esté lleno de tanta gente bonita en un día de lluvia. No hay nada mejor que eso, que nos reunamos y compartamos un espacio común. Así que bienvenidos! Mi nombre es Diana Fynbo. Y hoy, junto con Cecilia, los vamos a acompañar con una conversación sobre el uso de recursos y expresiones artísticas en el proceso de sanación de nuestras heridas. 

Junto a las estanterías ven la muestra. Las imágenes que ven aquí son las ilustraciones que también se encuentran en el libro. La conversación durará aproximadamente 40 minutos y luego cerraremos la sesión con una canción de una cantante de origen sami. Yo comenzaré leyendo algunos poemas:

No sé si fui yo,

o el psicólogo,

o el terapeuta,

o una amiga,

o mi abuela

quien dijo:

“Una herida es mucho más

que una herida”.

Mi cuerpo constantemente recuerda

lo que preferiría no recordar.

Recuerda en desorden

sin ningún orden lógico.

“Es la naturaleza de las heridas”,

dice mi psicólogo.

Los recuerdos saltan hacia adelante y

hacia atrás.

Aquél entonces,

es ahora.

—Comenzá desde el principio —dice el

psicólogo.

—No puedo.

¿Dónde es el principio?

Cecilia, el libro es un viaje personal, pero también es muchísimo más. ¿Podés introducirnos en este viaje? 

Cecilia: Sí, se puede decir que es un viaje de muchos años de vida, tanto durante la infancia, la adolescencia, el hecho de migrar a Noruega, pero también, no menos importante, el ser antropóloga. Todas las teorías que leí, pero también todos los trabajos de campo sobre temas sensibles que hice. Todos los encuentros, las conversaciones íntimas que tuve con la gente. Y esto, de alguna manera, esta resumido en este libro. Los años en terapia… Los años también en la formación en yoga terapéutico que hice con Maja Thune. Así que es… se puede decir, un libro personal, pero al mismo tiempo no… para mis es una ficción o autoficción. Algunos me han preguntado si esta es mi historia. Y pienso que en realidad no es interesante si es mi historia. Es la historia de una hormiga que intenta emprender un largo viaje y trata de encontrarse. No quiero que la gente se quede con la idea de que esto es una historia personal, “ay qué triste, esta es la historia de Cecilia”, o “qué lindo, esta es la historia de Cecilia”. Quiero que la historia, esta fábula, resuene en la lectora o el lector, que el libro cree cercanía más que distancia. Si la gente interpreta la historia como una biografía, entonces se crea distancia: “esto trata solo sobre mí”. Yo espero otra cosa. 

Diana: Una autoficción, decís… Has utilizado un lenguaje de imágenes sobre algo universal, como las heridas, el hecho de tener heridas, y también la vida animal, insectos. Y el libro está escrito además en dos idiomas. Tomás también esa perspectiva, el hecho que podemos pensar y sentir en dos o más idiomas al mismo tiempo. Y también estar en contacto con varias culturas y con el propio origen. Voy a leer algunos poemas. Vos en español y yo en noruego. 

Por capas.

Como en una cebolla.

La abuela pelaba las chalotas.

Las pequeñas,

de tono morado,

con piel delgada.

Herida de corte,

Herida de raspón,

Herida de picadura,

Herida de bala,

Herida de quemadura,

Herida del corazón,

Lleva tiempo quitar la cáscara,

pero vale la pena el esfuerzo,

decía la abuela.

Cuando la pena se apoderó de mi

quería llorar

así como llovió aquella vez en el norte.

Llovió incesantemente durante al menos

cuatro meses, una semana, tres días

y dos horas.

Llovieron peces y ranas.

Brotó moho y algas por todas partes

en las alturas.

El techo casi se desplomó.

El agua inundó los campos.

Los animales murieron en masa.

El diluvio, dijo el tío Goyo,

nos enseña a despojarnos de todo.

La herida siembra una semilla.

La semilla se convierte en un árbol

imponente.

El árbol sana,

da alimento,

y en sus últimos días

su colosal tronco se ahueca.

Entonces da refugio a quien lo necesita.

El miedo puede ser refrescante,

como cuando nadaba entre los camalotes

en pleno día bajo el sol ardiente.

Observaba atentamente a los yacarés

tomando el sol

al otro lado de la laguna.

“Cazan de noche”, me aseguraba

el tío Lucio.

“Atacan sólo lo que se arrastra” decía

estallando en carcajadas.

Yo no me reía, seguía nadando con

cautelosa distancia.

He leído esto varias veces, pero leerlo en voz alta… me conmueve profundamente… y como dije, este libro está escrito en dos idiomas. Y acompañamos a la hormiga en distintos recuerdos. Recuerdos que aparecen aquí y allá. Así suelen presentarse nuestras heridas. ¿Querés decir algo sobre por qué lo bilingüe? 

Cecilia: Y como antropóloga aprendí temprano que el conocimiento que el antropólogo adquiere y desarrolla está marcado por quiénes somos: nuestro género, clase, origen en general, qué privilegios tenemos o no, y el pensamiento decolonial me enseñó que también estamos marcados por con quién/enes pensamos, con quién estamos en conversación, por la internalización del colonialismo. Cuando estudié antropología no me enseñaron que el conocimiento que desarrollo está marcado por mi cuerpo. ¿Qué miradas porto en virtud de quién soy en este cuerpo? Esto lo aprendí leyendo teoría de la descolonización. También me hice consciente del lenguaje: cuando nací me arrebataron la lengua materna. La lengua materna de mi madre, que es guaraní. A mi padre también le habían quitado esa misma lengua materna. Me enseñaron español. Esto está ligado a la política lingüística en Argentina y a la relación con los pueblos originarios. El proyecto colonial fue muy exitoso, por decirlo así, en arrebatar a la gente sus lenguas maternas. Y hay mucho poder y impotencia en poder entenderse a uno mismo en la propia lengua o no entenderse en la propia lengua. Para mí el español viene después de la lengua materna. Después vine a Noruega y aquí el noruego y el inglés reemplazan mi español. Y en 2021 hice trabajo de campo entre noruegos de otros origenes, donde también tenían muchas de estas experiencias con el lenguaje, como yo. Eran noruegos con muchos orígenes, de todo el mundo. Traían en si muchas lenguas, y hablamos mucho sobre lo difícil que es ser más… como dice una antropóloga… ser más que uno y menos que dos. Por eso para mí fue importante escribir esta colección de poemas en dos idiomas al mismo tiempo. Quizás no estén gramaticalmente correctos. Quizás haya errores. Quería darle esta dimensión lingüística al personaje, a la hormiga, que no soy yo, pero que lleva muchas de mis experiencias en el encuentro con este mundo. 

Diana: Si llevamos esto al espacio terapéutico… ¿cómo es cuando uno trae al menos dos idiomas a la sesión y la terapeuta no conoce el otro idioma? ¿Querés contar un poco esa experiencia? 

Cecilia: Muchas veces no se puede resolver esto. Sobre todo si la terapeuta no tiene esa perspectiva, la del idioma. Si hablamos de psicoanálisis, que está basado en el lenguaje, es claro que entonces se vuelve difícil. Hay que encontrar la terapia, la forma, el método adecuado para cada uno y sus heridas. 

Diana: Yo soy pedagoga y hice un posgrado en trabajo terapéutico con recursps artísticos. Mi meta dentro de dos años es ser arteterapeuta y terapeuta expresiva. Por ahora tengo mucho conocimiento sobre liderar grupos, sobre cómo los grupos pueden ser también… en un espacio terapéutico y valerse derecursos artísticos, cómo podemos usar el arte para estabilizar y regular el sistema nervioso. No solo en vos misma, sino también en interacción con otrxs. Cuando llegamos a situaciones donde la terapeuta carece tanto del trasfondo cultural como del idioma, en realidad no siempre es posible que una sola terapeuta conozca ambas cosas. Pero ahí el arte es una herramienta maravillosa. Porque la finalidad del arte en un espacio terapéutico es conectar y despertar nuestros sentidos, llevarnos a lo inconsciente. Lo que la cabeza y lo lógico no pueden llevar a lo que cargamos. Y son precisamente en procesos en los que ocurre el “ajá!”como te paso a vos ¿no? Por ejemplo, al cristalizar el título del libro, “heridas/Sår”. Como me contaste, la palabra llegó a vos a través de un proceso artístico. Tenemos heridas… las llevamos. Pero vos decís algo tan bello como que también es lo que sembramos, que herida es también un verbo. ¿Podrías poner en palabras ese camino hasta que surgió la palabra ‘herida’? 

Cecilia: Escribí los primeros poemas en 2013. Pero fue durante la pandemia cuando empecé a escribir el libro en serio. La sociedad estaba cerrada. Tuve la posibilidad y vinieron muchas historias a mí. Empecé un trabajo de campo al año siguiente y fue bastante exigente también. Conocí a noruegos con de otros orígenes con muchos con traumas profundos, heridas profundas. También en mi práctica antropológica, como en la artística, me importa mucho no tener demasiados conceptos que definan de antemano el fenómeno que estudio, o lo que quiero pintar o dibujar. Y fue en un proceso así que la palabra herida (Sår en noruego) me llegó. Empecé a pensar con esa palabra que apareció ante mi. Busqué el origen etimológico de la palabra trauma y descubrí que trauma viene del griego, y que en noruego esa palabra griega se traduce a sår: herida. “Herida” en noruego es un sustantivo, pero también había aprendido que sår es un verbo: yo siembro (Jeg sår), pongo semillas en la tierra. Entonces pensé que los traumas también tienen esa dimensión, que una herida o daño puede germinar. Que una herida puede ser más. Puede ser abono para algo aparte de ser solo una herida, si logramos sanar, claro. En español no tenemos exactamente la misma palabra-verbo. Por eso el libro en español se llama “Donde la herida germina”. Me gusta pensar que herida es un verbo. Hay movimiento en eso. No es algo estático. 

Diana: Así que aunque tenemos un resultado muy hermoso acá, la idea es que la herida es el sentido, que la herida es un proceso, que uno debe estar en movimiento. Me gusta también pensar que otro foco aquí es encontrarse con la herida y con el “síntoma” en lugar de intentar quitarlo o no atenderlo. Linda Meyer, que tiene un doctorado en trabajo con traumas, especialmente con refugiados… suele decir “turning shit to gold” (convertir mierda en oro). Y eso es exactamente de lo que se trata trabajar en el espacio terapéutico con recursos artísticos: entrar en los recursos que tenemos. Porque hay mucho dentro nuestro. Y no siempre cuando nos encontramos con una terapeuta en la terapia convencional, donde la terapeuta usa solo las palabras como herramienta, el foco está en medicar o en lograr una recuperación rápida. Mientras que el arte nos ayuda a estar aquí y ahora. En el cuerpo. Y a confiar en el proceso. Como vos, Cecilia, también mencionaste. Y… tenés una imagen en el libro ¿dónde está? (Diana mira alrededor del salón)… la imagen de la tortuga. 

Cecilia: ¡Ahí! (Señala del otro lado donde cuelga la imagen). 

Diana: Usás la tortuga… como quien contiene a la hormiga. Quiero detenerme un poco. Detengamonos a pensar en esto “la tortuga contiene a la hormiga”. 

Cecilia: Voy a contar también para quienes no leyeron todavía el libro. Es una colección de poemas, pero también… quiero decir que el libro rompe con las formas tradicionales de muchas maneras. Es una fábula en poemario. En las fábulas los personajes son insectos o animales. Aquí es lo mismo. Hay una hormiga que encuentra muchos insectos y animales distintos en su viaje. Que representan muchos tipos de “terapeutas” o pseudo-terapeutas, y esa tortuga contiene a la hormiga, como decís. En noruego se dice, algo que amo, que es que uno debe poder contenerse a sí mismo primero para poder contener al otro. Se trata de paciencia, de tiempo y de la capacidad de escuchar. Para poder hacer eso, primero tenés que contenerte a vos misma. Para poder abrazar a otros en sus problemas. Todos tenemos heridas. Algunos quizá tienen un poco menos, otros heridas grandes y profundas. Si no contenés tus heridas… es muy fácil apresurarte a dar consejos… quizá no soportartas escuchar. Cambias de tema… Decirle a quien no pidió consejo “andá a terapia” en lugar de simplemente escuchar, porque en realidad se trata de vos, de que no podes abrazar tu propia herida. Y para mí de eso trata la tortuga. Intento expresar con la tortuga la idea de tiempo, la lentitud, estar en silencio juntas. 

Diana: Ahora quisiera llevarlos a una descripción preciosa del polo opuesto: alguien que no entiende nada. (Diana lee) 

La chicharra no entiende nada. 

¿No fue la hormiguita la que perdió el camino,

o se fue por su propia voluntad?

La hormiguita no puede responder a la pregunta.

La chicharra se va sin ayudarla. 

Diana: Esto de la paciencia… a lo largo del libro la hormiga dice “me perdí, me podes ayudar” y así se encuentra, entre otras cosas, con este tipo de terapeuta. Y luego tenemos otro tipo de terapeuta, o un vecino, sí, quizás.

La hormiguita no dijo más nada.

en caso de que las palabras volvieran

a dar vida a lo terrible.

El bicho palo no pudo contener

su propio horror.

Entonces huyó despavorido.

También quiero decir que el tratamiento de traumas necesita del arte. Pero no todo arte es terapéutico; depende de cómo se use. Cuando alguien pinta o dibuja, puede ser solo por la herramienta. Pero en el encuentro entre trauma y arte, en ese diálogo, sucede algo. Y es en lo que miramos y contemplamos, en lo que surge, que podemos descubrir el tercero. Eso que no sabíamos que llevábamos. Tú y yo en realidad no hablamos en detalle sobre tu historia. Pero lo que entendí del viaje de Cecilia al poder ver sus ilustraciones y poemas, y a través de eso, hemos juntas encontrado algo en común. Porque en mi historia también hay heridas grandes. Leo tu libro y para mí ha sido magia. Y así también el arte puede ayuda, entonces la terapeuta es más que una acompañante, más que alguien que dará muchos consejos. ¿Qué mecanismos de resguardos surgen cuando recibís muchos consejos? 

Cecilia: Sí, se descarta la exploración. Un proceso de curación exige no apresurarse hacia un resultado, un resultado que a algunos tal vez les ayuda un rato, pero no soluciona lo que está en la raíz del problema. El reconocido psicólogo Gabor Maté dice que el trauma no es lo que pasó, sino lo que pasó dentro tuyo cuando lo doloroso o difícil ocurrió. Cuando eso doloroso acontece y algo se rompe y no lográs recomponer esas piezas, necesitamos tiempo para explorar. No necesitamos consejos. Solo necesitamos… bailar el enojo, gritar el duelo, dibujar, romper algo en pedazos. Estar en comunidad, usar el tiempo para conocer la herida, antes de poder seguir. 

Diana: El tiempo se nos agota. ¿Podés decir algo sobre el libro y la temática… es también muy político.

Cecilia: En Noruega no hablamos de lo que nos cuesta en un nivel más profundo. Nos encontramos con colegas que quizá tienen pequeñas o grandes heridas, pero decir “voy a terapia” o “tengo problemas con traumas” pertenece a la esfera de lo privado… En Argentina es habitual hablar de estas cosas con todo el mundo. Creo que no podemos construir puentes entre nuestras heridas y el mundo si no hablamos de ello, si no creamos espacios de reflexión compartida… podríamos ser más solidarios, más empáticos, mejores… mejores juntos, si lo hiciéramos. En Noruega tenemos muy pocos espacios para eso. 

Diana: Y un lenguaje pobre… eso hace que quizá lo pasamos por alto también. Quien lleva una herida desea ser sostenido, ser acogido, tener un acompañante en su propio proceso. Mientras que quien quiere ayudar, especialmente en el sistema psiquiátrico, solo quiere que te termines rápido. Para poder seguir adelante. 

Cecilia: Existe en Noruega un programa que se llama “rask tilbake” (recuperación rápida)… eso dice bastante no?

Diana: Esto es algo que vos y yo hablamos, nuestra frustración por la sociedad que piensa que los traumas son algo con lo que hay que terminar pronto. Que vos simplemente… vas el número de sesiones correcto y hablás, o empezás a entrenar, hacés todas las cosas correctas y los traumas van a desaparecer. ¿Pero desaparecen? 

Cecilia: Sí, lamentablemente es así. Y por eso deseo que mi libro abra un espacio, que no se lea como algo “solo” para personas con traumas en el sentido de problemas de salud mental. Quiero que sea para muchas personas; quería llevar el tema a la sociedad en general. El tema para mí es muy político. He escrito artículos académicos sobre esto, de forma más indirecta, así que este proyecto lleva el deseo de abrir y alcanzar a otrxs lectores. ¿Cómo puedo usar otro lenguaje para hablar de esto, hacerlo más cotidiano en vez de un tema de nicho para unos pocos? 

Diana: Justamente por eso creo que es importante la comprensión básica de qué es un trauma… el trauma no es algo que desaparece. No podemos quitar lo que pasó, pero podemos aprender. Y podemos adquirir herramientas que hacen la vida más llevadera. Y que nos permiten tener una mejor experiencia de nosotros mismos en la vida que llevamos con traumas. Aquí uso la palabra traumas, pero podemos usar la palabra heridas, podemos usar la palabra duelo, podemos usar la palabra dolor. Y eso lo normaliza mucho más que la palabra trauma. Trauma, esa palabra genera nerviosismo en Noruega. 

Lamentablemente se nos acabó el tiempo. Quisiera terminar con algo muy importante, a propósito de las herramientas sanadoras. Porque en terapia el uso del arte tiene que ver con adquirir herramientas que ayudan a la persona a regular su sistema nervioso. Entonces se usa el concepto de “paisaje seguro”. Lo usamos a través de la imaginación. Cuando tenés el sistema nervioso activado, debés poder ir rápidamente, mediante la imaginación, a un lugar seguro. Y al visualizarlo, el sistema nervioso puede calmarse. Quisiera terminar con este poema: 

Hablo tres idiomas,

ninguno de forma fluida.

No encuentro las palabras.

Mi habla se vuelve lenta

las oraciones simples,

y las palabras incorrectas.

Entonces pienso en la abuela.

Ella me ordeña un vaso de leche.

Tomo la deliciosa leche tibia

con azúcar y canela,

junto al corral,

al amanecer.

Más tarde, la abuela le pone cuajo.

El suero se separa de la masa láctea.

La leche se granula,

Se vuelve sólida y agria.

Pero con el paso del tiempo

con amor

se convierte en

exquisitas variaciones de queso.

¡Este es un ejemplo de un paisaje seguro para la hormiga! 

¡Muchísimas gracias!

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